
De manera breve, puedo identificar como tendencia compulsiva mi forma de comer golosinas. Sin embargo, noto (o mejor dicho, me doy cuenta) que este aspecto de mi personalidad fue mayor en mi infancia y adolescencia. Actualmente, con la madurez, ya no me es tan gravosa ni compulsiva esta manera de comer – de hecho, esporádicamente me “premio” con algunos dulces, como el día de hoy– cuando tengo algo que “celebrar” ¡y vaya que tengo motivos para hacerlo!